Sin embargo, llega aquél momento, ese en el que uno luego de crear mil y un historias en lo profundo de nuestra conciencia, empieza a tener uso de razón, ¿cómo podría ocurrir algo tal cual como lo imaginamos, si nada de lo que ha ocurrido en tu vida es como se imaginó?, y te das cuenta, que tu mente, es simplemente eso, tu mente, tuya. Nada es como se imagina, nada lo será, empezar a pensar, de verdad, en lo que ocurre, dejar de vivir de proyecciones, utopías y narraciones extraordinarias, no (somos) soy, nada.
Cómo duele caer de bruces al suelo, cómo duele quebrarse huesos luego de estar en las nubes. Lejos del pesimismo, y todas las corrientes, es difícil dejar de vivir del futuro, cuando es lo único que tienes, vivir del futuro desde hace un tiempo, y darse cuenta, cada vez más, que no cambia nada de un tiempo a otro, las mismas caras, la misma vida, la misma rutina, los mismos fallidos recuerdos, todo se funde en un momento, es como un shock nervioso. El laberinto de futuros queda en la mente, es un vicio, el pensar que todo será mejor, el vivir de eso.
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