jueves, 4 de noviembre de 2010

VIVIR DEL FUTURO

Cómo duele pensar a veces, en el verdadero presente. En sí la mayor parte del tiempo, o des-tiempo, que tengo para introducir mi corazón en mi mente, lo hago en función de mis recuerdos; no, de mis recuerdos no, de lo que quisiera fueran mis recuerdos, si, eso si. Pero la forma de pensar que más duele, es la de pensar al futuro, el proyectar situaciones que no ocurrirán, que no están ocurriendo, a veces, desgarra el corazón, darnos cuenta de que vivimos más en nuestra mente, que sentimos en ella como si fuera real, y en el peor de los casos, nos comunicamos en ella, más de lo que realmente comunicamos. 
Sin embargo, llega aquél momento, ese en el que uno luego de crear mil y un historias en lo profundo de nuestra conciencia, empieza a tener uso de razón, ¿cómo podría ocurrir algo tal cual como lo imaginamos, si nada de lo que ha ocurrido en tu vida es como se imaginó?, y te das cuenta, que tu mente, es simplemente eso, tu mente, tuya. Nada es como se imagina, nada lo será, empezar a pensar, de verdad, en lo que ocurre, dejar de vivir de proyecciones, utopías y narraciones extraordinarias, no (somos) soy, nada. 
Cómo duele caer de bruces al suelo, cómo duele quebrarse huesos luego de estar en las nubes. Lejos del pesimismo, y todas las corrientes, es difícil dejar de vivir del futuro, cuando es lo único que tienes, vivir del futuro desde hace un tiempo, y darse cuenta, cada vez más, que no cambia nada de un tiempo a otro, las mismas caras, la misma vida, la misma rutina, los mismos fallidos recuerdos, todo se funde en un momento, es como un shock nervioso. El laberinto de futuros queda en la mente, es un vicio, el pensar que todo será mejor, el vivir de eso.
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